Hoy moriste, la tumba que soy lo sabe y se convulsiona.
Estaba tan abierto el aire, tan desnudo el tiempo.
Yo tomé un café por la mañana,
desperté tarde y el día era igual, terriblemente igual que el anterior
y sin saber por qué no comí carne.
Sé poco de ti. Ni te afirmo ni te niego,
pero sé que mi ignorancia, mi indiferencia, lastima.
Vendrás o será que ya viniste, que hablas
el idioma de alguna estrella, la más lejana.
viernes, 21 de marzo de 2008
sábado, 8 de marzo de 2008
Tres voces jóvenes
La poesía colimense ha visto surgir tres nuevas voces. Se trata de Liliana Rodríguez, Krishna Naranjo y Gabriel Govea, quienes recientemente publicaron, en la colección Exordium de la Facultad de Letras y Comunicación, un poemario cada uno de ellos.
En el café QuisQueya, en Comala, fueron presentados los trabajos creativos el viernes pasado en punto de las nueve y media de la noche, hora en la que ya había público esperando a que la poesía comenzara su vuelo.
La primera intervención fue para el poemario Ordalías Pírricas, de Liliana Rodríguez, cuya presentadora habló del abanico de emociones que desplegó la autora en sus textos. La ironía, la confusión, la búsqueda son parte de las imágenes que nos ofrece Liliana en su trabajo.
La segunda fue Krishna Naranjo, quien tituló Para morir en rojo el motivo de su inspiración. S u presentadora dijo que ella hablaba del amor, los cuerpos encontràndose en una guerra, y el mito.
Y el último fue Gabriel Govea con su Breviario de mar. Su presentadora habló del mar como misterio, deseo y profundidad.
La poesía colimense ha visto surgir tres nuevas voces. Se trata de Liliana Rodríguez, Krishna Naranjo y Gabriel Govea, quienes recientemente publicaron, en la colección Exordium de la Facultad de Letras y Comunicación, un poemario cada uno de ellos.
En el café QuisQueya, en Comala, fueron presentados los trabajos creativos el viernes pasado en punto de las nueve y media de la noche, hora en la que ya había público esperando a que la poesía comenzara su vuelo.
La primera intervención fue para el poemario Ordalías Pírricas, de Liliana Rodríguez, cuya presentadora habló del abanico de emociones que desplegó la autora en sus textos. La ironía, la confusión, la búsqueda son parte de las imágenes que nos ofrece Liliana en su trabajo.
La segunda fue Krishna Naranjo, quien tituló Para morir en rojo el motivo de su inspiración. S u presentadora dijo que ella hablaba del amor, los cuerpos encontràndose en una guerra, y el mito.
Y el último fue Gabriel Govea con su Breviario de mar. Su presentadora habló del mar como misterio, deseo y profundidad.
jueves, 6 de marzo de 2008
Cuando no soporto el peso de la noche
y enciendo mi voz en el camino, y canto
con los pies descalzos y el pecho abierto,
para besar con luz todos los rincones de las calles,
cada acera y sus altivas fachadas;
Sí, cuando mi tristeza fluye por los puentes
donde ya no hay amantes sino preguntas,
y laguidecen mis pasos para caer de rodillas
con los ojos tiernos como pétalos mirando la tormenta sin fin,
que cansa y lastima mi fuego interno.
Cuando los gritos se me clavan fríos en la garganta,
sin haber nacido, y me doy permiso de soltar una lágrima,
sólo para seguir existiendo.
Cuando tosen las tumbas y sólo yo me doy cuenta:
cada persona es un entierro
y por el odio pululan los gusanos.
Cuando el mundo habla pisoteando mi silencio,
y yo sonrío para no sentirme cadáver.
Cuando el cielo se desmaya y le soplo y le soplo...
y le tomo en los brazos con una canción de cuna...
En fin, cuando evoco estas cosas
y sólo me entiende la hojarasca,
humedezco mis labios de dolor
y con la mano en la cabeza le hablo a Dios
porque ya no queda de otra.
y enciendo mi voz en el camino, y canto
con los pies descalzos y el pecho abierto,
para besar con luz todos los rincones de las calles,
cada acera y sus altivas fachadas;
Sí, cuando mi tristeza fluye por los puentes
donde ya no hay amantes sino preguntas,
y laguidecen mis pasos para caer de rodillas
con los ojos tiernos como pétalos mirando la tormenta sin fin,
que cansa y lastima mi fuego interno.
Cuando los gritos se me clavan fríos en la garganta,
sin haber nacido, y me doy permiso de soltar una lágrima,
sólo para seguir existiendo.
Cuando tosen las tumbas y sólo yo me doy cuenta:
cada persona es un entierro
y por el odio pululan los gusanos.
Cuando el mundo habla pisoteando mi silencio,
y yo sonrío para no sentirme cadáver.
Cuando el cielo se desmaya y le soplo y le soplo...
y le tomo en los brazos con una canción de cuna...
En fin, cuando evoco estas cosas
y sólo me entiende la hojarasca,
humedezco mis labios de dolor
y con la mano en la cabeza le hablo a Dios
porque ya no queda de otra.
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