jueves, 6 de marzo de 2008

Cuando no soporto el peso de la noche
y enciendo mi voz en el camino, y canto
con los pies descalzos y el pecho abierto,
para besar con luz todos los rincones de las calles,
cada acera y sus altivas fachadas;
Sí, cuando mi tristeza fluye por los puentes
donde ya no hay amantes sino preguntas,
y laguidecen mis pasos para caer de rodillas
con los ojos tiernos como pétalos mirando la tormenta sin fin,
que cansa y lastima mi fuego interno.
Cuando los gritos se me clavan fríos en la garganta,
sin haber nacido, y me doy permiso de soltar una lágrima,
sólo para seguir existiendo.
Cuando tosen las tumbas y sólo yo me doy cuenta:
cada persona es un entierro
y por el odio pululan los gusanos.
Cuando el mundo habla pisoteando mi silencio,
y yo sonrío para no sentirme cadáver.
Cuando el cielo se desmaya y le soplo y le soplo...
y le tomo en los brazos con una canción de cuna...
En fin, cuando evoco estas cosas
y sólo me entiende la hojarasca,
humedezco mis labios de dolor
y con la mano en la cabeza le hablo a Dios
porque ya no queda de otra.

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