jueves, 28 de febrero de 2008

Fui al pueblo de mis sueños a buscarte,
a dejar migajas de mí por todos los caminos
para que la luz de mis ojos no se perdiera en el regreso.
Fui al país de los encuentros,
donde las montañas hablan de ilusiones en lo alto;
mi cúspide sabe de tu azul infinito,
de las cosas que haces cuando duermes
y nunca dices ni a tu sombra
porque sólo son mías.

Nuevos árboles apuntaban tu nombre,
las aves no sabían más que de tu casa
y el viento que recorre inquieto las memorias
me decía que tú existes y me quieres,
y que desde otras latitudes también cierras los ojos
para inventar que me amas,
y que todo es cierto y la soledad no tiene mundo aquí
donde soñamos amarnos
cada cual desde su propio silencio,
en la habitación abierta de los destinos cumplidos,
donde el viaje ha terminado en el origen de ambos.

miércoles, 13 de febrero de 2008

POEMA

Entender que un ave detenida en pleno cielo
nos llovizna los ideales de las águilas

Entender que los árboles nos piensan
y por sus ramas designan a los héroes

Entender al reloj como un océano
por donde cáfilas de voces penetran los abismos

Entender, sólo, que lo Uno arde
a través de las lides y los páramos

Entonces
las palabras prenderán incienso
en las bocas de los hombres
y no faltará algún dios perdido
que venga a saciar su sed entre nosotros.

Un muerto reza

Un muerto reza cada noche,
un muerto cae rendido y se arrepiente,
llora su amargura ante mi sombra.

Qué voy a hacer con este hombre
que arrastra a cada paso
sus muelas oxidadas
donde las tinieblas le ladran.

Qué voy a hacer con este hombre
y su conciencia, luz que lastima,
si es más fácil abordarle por su sombra
que por sus patas asirle.

Qué con las voces que le velan
y le cantan y le danzan desde la agonía.
Qué con sus quejas y sus súplicas
cenizas de mis preguntas;
porque de él tengo la certeza de existir
y una larga hipótesis que huye
en poemas que sufren.

Yo soy el muerto que le reza cada noche
para que duerma tranquilo
y no padezca la pesadilla de estar vivo.
Yo soy el muerto al que le dicta su olvido
lleno de amores inventados en países míticos;

el que lo lleva a cuestas
por ninguna parte de ningún destino;
soy la vigilia, el muro de su locura,
la caída de un insecto volátil
que a diario choca en su ventana:
única salida que nos mantiene cautivos.