Pero, ¿no es eso un hombre, lo que imprime en sus palabras? A veces me ahondo en mi silencio para dejar que otros seres me laman la conciencia. Entonces me encuentro como un búho expectante en medio de la sombra. Pero también es bueno tomar la palabra, aunque sea para que la lengua no se entuma de tanto estar inmóvil.
Me gusta el silencio. El silencio y los rostros inquietantes que engendra en medio de su ser intangible. Así le miro, horas y horas de contemplación, tiempo de fuegos que albergo en mis entrañas.
Hoy todos escribimos, menos mal. Por algo he notado a la gente un poco más callada, porque se vierte en este mundo extraño, como gestado en la malignidad del progreso. Pero éstas son cosas de la casualidad, de la naturaleza y del ser caótico que nos electrocuta los nervios.
Hoy sólo esto, una palabrería de presentación en este mundo donde las palabras son austeras y están a punto de sobrar. Ambiociono inventar un nuevo idioma.
miércoles, 23 de mayo de 2007
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