Me rendí. Todos tienen un dichoso espacio para venir echar sus bendiciones y sus inmundicias. ¿Por qué no habría de tenerlo yo también? Además aquí todo parece estar como en una dimensión extraña, un tanto aperente, que juega con la realidad como en la Casa de los Espejos de la Feria. Todo se deforma: se alarga, engorda, dismunuye, adelgaza... Así creo que todos, cuando venimos aquí, no hacemos más que poner el espejo deforme de nuestro interior frente al espejo deforme de la realidad. Y cuando alguien nos lee, cuando muchos ojos palpitan entre esos dos espejos, surgen infinidad de interpretaciones que le impregnan sentido a nuestro tiempo libre. El título de este comienzo responde a dos poetas que me gustan y que marcaron mis comienzos en el mundo de la sílaba y la aliteración, de la metáfora y el símbolo, del poema y mi alter-ego.
miércoles, 23 de mayo de 2007
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