Fui al pueblo de mis sueños a buscarte,
a dejar migajas de mí por todos los caminos
para que la luz de mis ojos no se perdiera en el regreso.
Fui al país de los encuentros,
donde las montañas hablan de ilusiones en lo alto;
mi cúspide sabe de tu azul infinito,
de las cosas que haces cuando duermes
y nunca dices ni a tu sombra
porque sólo son mías.
Nuevos árboles apuntaban tu nombre,
las aves no sabían más que de tu casa
y el viento que recorre inquieto las memorias
me decía que tú existes y me quieres,
y que desde otras latitudes también cierras los ojos
para inventar que me amas,
y que todo es cierto y la soledad no tiene mundo aquí
donde soñamos amarnos
cada cual desde su propio silencio,
en la habitación abierta de los destinos cumplidos,
donde el viaje ha terminado en el origen de ambos.
jueves, 28 de febrero de 2008
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