Entender que un ave detenida en pleno cielo
nos llovizna los ideales de las águilas
Entender que los árboles nos piensan
y por sus ramas designan a los héroes
Entender al reloj como un océano
por donde cáfilas de voces penetran los abismos
Entender, sólo, que lo Uno arde
a través de las lides y los páramos
Entonces
las palabras prenderán incienso
en las bocas de los hombres
y no faltará algún dios perdido
que venga a saciar su sed entre nosotros.
miércoles, 13 de febrero de 2008
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