viernes, 28 de diciembre de 2007

Digresiones

Cuando el corazón está triste la cabeza se llena de humo.
El trabajo es una cuesta larga y nuestras manos repudian a la piedra.
Cuando el amor no está le falta poco al hombre para no existir,
experimenta no ser nadie, sino una sombra que arde en sí misma,
y sola frente al horizonte se consume al margen del crepúsculo.

Después de todo,
cuando la noche está cubierta de tormentas,
y el cielo interno se convulsiona desde su remota lejanía,
siempre hay una luz que no se rinde,
que atraviesa los densos muros del alma
y llega, y se entrega y es hoguera para el frío;
su raíz es otra estrella que nunca abandona.

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